sábado, 7 de mayo de 2011

A Miguel Hernández...

A  Miguel  Hernández…

Miguel, amigo, te fuiste sin amor…
no quisiste, como tú querías…
abocar ni tu alma ni tu corazón…
pero amargaste sus vidas…

Les jodiste bien jodidos…
y no utilizaste la fuerza…
si no la inteligencia…
del papel y pluma unidos…

Grande te tienes que ver…
desde donde tú nos miras…
grande te vemos también…
en tus rimas y poesías…

Quien lograra poseer tu sangre fría…
tu valor, tu ingenio, tu honra…
y esa sabiduría…

Que mal tienen que sentirse…
los que te malconocían…
esos siervos del Diablo…
que están deseando morirse…
porque no soportarían…
tus palabras como dardos…

Tú no doblaste la testa…
como tus ilustres bueyes…
levantaste  la cabeza…
para reventar sus sienes…

Y bien que lo conseguías…
con esa pluma invencible…
con esa palabra  humilde…
colmada de galanía…

Quién lograra poseer, amigo, tu sangre fría…
y ésa sabiduría…

Dórigo Alegezzo

Érika VII

   Érika VII…

Mi mirada se dirigió a la puerta con la letra “A” y después a la cara de Érika.
Estaba apoyada en la pared, con las manos detrás de ella y los ojos abiertos, muy abiertos, casi tanto como su boca.
--¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¡cómo puede ser!
El llanto en el que rompió  hizo serenar mi desequilibrio.
La hubiera abrazado y besado por toda la cara y la habría colmado de palabras tranquilizadoras para que dejara de sufrir.
--Pero… ¿qué ocurre Gloria?, ¿porqué te pones así?...
Trataba de contener su llanto.
--¡Me he dejado las llaves dentro!
Soy consciente de que mi serenidad es muy potente cuanto más difíciles son las situaciones en las que me meto y ésta ocasión era una de ellas.
Sin moverme del dintel donde me había apoyado, traté de ayudarla.
--Bueno, exclamé con desenfado, pero eso es algo que tiene arreglo, se llama a un cerrajero y enseguida vendrán a abrirla. No debes preocuparte.
Era como si mis palabras hubieran abierto aún más su herida.
Su llanto se multiplicó por varios y me pregunté a mi mismo: ¡Joder!, ¿qué he dicho?
--¡No tengo dinero!,  ¡en el aeropuerto me han robado todo lo que tenía!
Te quedas pensativo, las desgracias nunca llegan solas.
--Ya, pero eso tampoco tiene importancia; yo tengo dinero y si tú me lo permites pues  lo pagaría yo.  Ya me lo devolverías.
Se tranquilizó un poco y mirándome como al único hombre que la pudiera sacar de su catástrofe (eso es lo que yo me creía), me dijo:
--Ya, pero ¿desde dónde llamo?  y hasta que venga,  ¿qué hago?
Un nuevo ímpetu en su llanto hizo que la ternura se derramase en mi interior, impeliéndome de nuevo a abrazarla.
Con toda la tranquilidad que un hombre puede demostrar en esos momentos, sin moverme del sitio donde me apoyaba, sugerí:
--Bueno Gloria, mi casa está a tu disposición, podemos pasar y sentarnos en el salón  y desde allí llamamos a todos los cerrajeros del mundo.
Mi sonrisa trataba de resultar agradable y tranquilizadora a imagen y semejanza de las de Clark Gable en las películas que le había visto.
--Pero Carlos, si no nos conocemos de nada y… y tú  me estás ofreciendo  tu casa y  tu dinero.
--Mira, la dije, trato de ayudarte y si me dejas lo haré, soy una persona bastante conocida por mi trabajo y te puedo asegurar que conmigo vas a estar protegida y ayudada en todo momento.
--Pero, continué, si tienes otra solución que te apetezca más, como que conozcas a alguien en Madrid y quieras irte a su casa, yo te llevaría encantado, o  cualquier otra cosa que me pidas, no sé.
--No conozco a nadie en Madrid y junto con el dinero también se han llevado mi documentación y mis tarjetas de crédito y  ¡Dios mío!, todo,  ¡se lo han llevado todo!
Continuaba apoyado en el mismo sitio, había cruzado los brazos en un gesto de impotencia y pensaba que si tuviera a mano al que la había despojado de sus pertenencias, haría que se arrepintiese durante toda su vida.
Nuevamente el desenfado apareció en mi rostro y sonriendo, pero sin realizar ningún gesto que la pudiera sobresaltar, la dije:
--Bueno, pues entonces no te queda más remedio que aceptar mi invitación o si quieres paso a llamar por teléfono y vuelvo a salir aquí, nos sentamos en el suelo y esperamos hasta que llegue el cerrajero.
--Anda  pasa, continué, que dentro estaremos más calientes.
Mi gesto y mis palabras de invitación ayudaron a que Érika entrara en casa. Después comprendí que también el frío que estaba pasando ayudó a ello.

Dórigo Alegezzo

martes, 3 de mayo de 2011

Poesía

¡A Ella!…

Son esos ojos morena…
los que me tienen atado…
atado hasta el frenesí…


Y mira si estoy enamorado…
que hasta el perejil rizado…
me parece hierbabuena…
cuando tú estás a mi lado…


Cuando yo estoy junto a ti…

Dórigo Alegezzo

Fotografía

Érika VI

Érika VI…

(Debo presentarme, he recibido instrucciones de mi hacedor y me exige que lo haga ahora, ya que de otra forma no comprenderíais algunos de los hechos narrados o por narrar)
(En fin, tendré que hacerle caso)
(Me llamo Carlos, Carlos de la Fuente y soy el protagonista de varias disfunciones de mi creador en las que pone en peligro mi integridad, tanto física como psíquica)
(En su momento tuvimos una fuerte discusión sobre el nombre, ya que a mi me apetecía llamarme de otra forma, por lo menos en alguna de sus aberraciones mentales, pero no me lo permitió y me explicó que el nombre idóneo para lo que quería hacer era el de Carlos)
(Pensé que ese nombre le traería buenos y grandes recuerdos y así se lo expresé un día, pero me contestó que no, que no guardaba ningún buen recuerdo de nadie que se llamara Carlos sino todo lo contrario; terminó diciéndome que después de estudiar en profundidad muchos nombres de varón, llegó a la conclusión de que era el más categórico, el más viril, el más redondo)…
(¿Redondo? le contesté, ¡redonda tu cabeza!, que además la tienes pequeña y medio calva)
(¡Que si se pudiera comparar la inteligencia con el tamaño de la cabeza! ¡sobresaldrías por tu ignorancia!)...

(He de avisar al lector, que habrá ocasiones en las que me leáis dialogando con él, ya que en algunos momentos no estoy de acuerdo con el guión que me marca y mi protesta la dejo plasmada a través de la lectura.)
(Discutimos a menudo ya que es una persona un tanto extraña y con una mente retorcida que hace, en ocasiones, poner a mi personaje en situaciones de apuro, pero me tiene atrapado en sus folios y lo único que puedo hacer es protestar)

(Bueno, continúo con mi presentación; me ha pensado moreno, midiendo 1,85 de estatura y con una fuerte complexión atlética debido al intenso entrenamiento al que me ha sometido, haciéndome un experto en artes marciales)
(Y me ha hecho poseedor de unos ojos verdes que, en contraste con el color de mi piel más bien cetrina y de mi pelo negro, me confieren una imagen bastante apetecible a las mujeres; por lo menos es lo que escucho cada vez que ligo con alguna, cosa por otra parte que… ejem…, ejem…, es bastante habitual)

(Me miro al espejo y me agrada lo que veo, aunque no soy nada coqueto, sino todo lo contrario. Mis maneras y movimientos son bruscos y viriles, no soy capaz de hacer las cosas con suavidad, bueno… hay una que si, pero ya lo iréis notando en el desarrollo de mi ficticia vida)

lunes, 2 de mayo de 2011

Pensamientos

Ser adulto, significa que tu mente sigue siendo la de un niño “enfadado”…
la madurez se presenta con un estado de “cabreo” continuado…
y la senectud te acoge con un torbellino en la mente, que no te permite ser feliz…
Mientras tanto, en tu cabeza sigues manteniendo un balón de futbol, un caballo de cartón y unas canicas para jugar al “gua”…
Que pena…

Dórigo Alegezzo